Raquel San Martín
LA NACION

La designación del escritor y diplomático Abel Posse como ministro de Educación porteño -cargo que asumirá mañana- despertó en el mundo educativo el repetido debate sobre la conveniencia de dar a un intelectual la responsabilidad de un cargo de gestión pública.

Ex ministros, expertos y académicos del área consultados por LA NACION se ubicaron en dos posiciones. Mientras algunos cuestionaron la falta de experiencia concreta del futuro ministro en temas educativos -y remarcaron las deficiencias estructurales de la educación en la ciudad como una urgencia-, otros consideraron positivo que un intelectual se comprometa con la cuestión pública para hacer una gestión distante de la coyuntura.

En tanto, la propuesta que más se escucha en el Ministerio de Educación porteño es colocar a Posse como cara visible en el ministerio y que la gestión cotidiana quede a cargo del mismo equipo técnico que rodeaba al ministro saliente, Mariano Narodowski, incluso con un consejo de expertos que el propio ex funcionario integraría.

“A partir de nuestras investigaciones comparativas de ministros de Educación en las provincias durante 20 años, los perfiles más apropiados para esa función son los que tienen experiencia en el sistema educativo, conocimientos y capacidad política de liderazgo”, describió a LA NACION Axel Rivas, director del área de Educación del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec).

“Desconozco que Posse cumpla con estos requisitos. El nombramiento no suena a primera vista acorde con nuestros registros de lo que es un buen ministro de Educación”, opinó.

Por su parte, para Jason Beech, director de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés, la designación de Posse significa “no tener en cuenta la especificidad de los problemas educativos. La educación es una tarea de gestión política, pero tiene sus particularidades técnicas”, dijo.

“Nuestros sistemas educativos tienen tantos problemas estructurales y de gobierno que es difícil que alguien muy externo pueda solucionarlos. No estamos en el momento de poder pensar más allá de la coyuntura. Hoy, la educación es más un problema de gestión que un problema cultural, como el que podría plantearse un intelectual”, afirmó Beech.

De manera similar se expresó Silvina Gvirtz, directora de la maestría en Educación de la misma universidad y consultora de la Unesco. “Su nombramiento me plantea serias dudas. Posse no tiene trayectoria en educación ni experiencia en gestión. Así como a nadie se le ocurre poner al frente de Economía a un ama de casa porque va al supermercado, o a un arquitecto, las complejidades del mundo educativo ameritan una especificidad técnica que es cada vez más importante”, señaló. “Posse no tiene, por ejemplo, experiencia en negociar con los gremios.”

La diputada Adriana Puiggrós (Frente para la Victoria) fue escéptica pero más prudente. “Quiero ver cómo se desempeña antes de opinar. Me parece un lugar complicado. La educación en la ciudad está muy mal y hay mucho para hacer allí”, dijo.

Aprobación cautelosa

Otras voces fueron más positivas, aunque siempre cautelosas, y resaltaron la importancia de que una figura intelectual esté rodeada de un equipo técnico eficiente.

“La designación de Posse me sorprendió muy bien. Es bueno que un intelectual se involucre en la gestión del Estado, porque falta un reconocimiento de los actores de la cultura sobre la complejidad de la gestión pública”, dijo la ex ministra de Educación nacional Susana Decibe.

Pero dejó sentadas sus reservas: “La ciudad requiere un equipo con experiencia en el área, que imagino que es lo que tratarán de garantizarle. Si tiene ese equipo, seguramente podrá tener buenos resultados”.

Para el director de la Fundación Centro de Estudios en Políticas Públicas (CEPP), Gustavo Iaies, puede ser interesante “el modelo de tener un ministro más distante de la coyuntura, con la posibilidad de pensar la educación en términos más generales y con un buen equipo técnico que lo secunde. Hay que esperar, pero como idea estructural no me parece mal”.

“El riesgo es que los ministros quedan tan atrapados en los problemas cotidianos que pierden distancia y visión en términos educativos”, señaló.

El ex ministro de Educación Andrés Delich -que además hace días declinó el ofrecimiento del jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, de encabezar el ministerio- optó por la prudencia. “No conozco a Posse. Tengo expectativas de ver el programa educativo que plantee para poder opinar. No tengo prejuicios con que no venga del mundo educativo y creo que Macri ha intentado jerarquizar el Ministerio de Educación con una figura como él”, dijo.