Por lo general, saber resulta la mejor opción. Es algo acabado, es un resultado logrado, un objetivo ya concretado, el fin de un camino. El tema es: ¿qué nos vuelve “sabiondos”?… ¿el resultado obtenido o el camino recorrido?

Las empresas buscan resultados: concretar lo que quieren. Las personas (jefes y empleados) también. Y si bien la búsqueda es esa, y eso es lo que se espera obtener, el camino importa. La forma en que se llega a esa resultado, sea cual fuere, es fundamental. Saber sin haber aprendido puede llegar a ser un error trascendental.

Si no aprendimos en el transcurso del camino, si no fuimos parte del proceso, si no afrontamos los contratiempos propios del que aprende, es muy probable que hayamos obtenido un buen resultado, pero sin haber adquirido la competencia necesaria para poder repetirlo o mejor aún, para poder potenciarlo.

Este suele ser el error del común denominador de las empresas que, en pos de conseguir un resultado, buscan cualquier medio rápido y fácil que pueda ofrecérselo, sin reflexionar en todo lo que se pierden en el camino y sin pensar a mediano o largo plazo, en las consecuencias que esto les puede acarrear.

El aprendizaje, como nosotros lo entendemos, es un PROCESO, lo que suele entenderse como el “medio para” llegar y concretar un objetivo. Lleva tiempo, es personal (depende de cada ser humano, equipo de trabajo, organización y/o empresa), es infinito, cíclico y potenciador, si se lo entiende como la oportunidad de “verse en acción” para concretar un resultado efectivo.

El “verse en acción” es la parte del proceso que muchos se saltean en pos de un resultado cortoplacista e implica acción y reflexión acerca de lo que estoy siendo y haciendo para lograr lo que quiero. No es solo el hacer y tampoco es solo el reflexionar. Es la suma de ambos lo que nos brinda la posibilidad de aprender.

El accionar y estar viéndose en el camino es en sí el aprendizaje que nos permite replicar dicha práctica o potenciarla en un futuro, seamos personas, equipos o empresas.

Sin el observarse o el permitirse que otros nos observen, y sin la reflexión o el análisis que esto implica, es casi imposible aprender. Se podrá obtener un resultado, pero no se lo podrá replicar, porque no se sabrá cómo se llegó al mismo o no se habrá aprendido el proceso que hizo que ese resultado aparezca.

A veces es esto lo que lleva a las empresas a repetir prácticas obsoletas,  inefectivas o poco comprensibles, en cuestiones que en el pasado dieron resultados positivos.

Con esto, llegamos a la conclusión de que en ocasiones, “lograr un buen resultado” no es sinónimo de “haber aprendido”. Nuestro trabajo como consultores es que ambos sean parte de un mismo proceso: lograr resultados efectivos APRENDIENDO, para poder continuar lográndolos y aun mejor, poder potenciarlos en el futuro.

En esto se basa el verdadero aprendizaje organizacional, que suele transformarse en un gran círculo virtuoso y un punto clave de apalancamiento para cualquier organización.

Te invito a que participes opinando sobre este tema para que podamos APRENDER entre todos y compartamos más el SABER.

Por Nicolás Rodríguez Alvarez –   Aprendizaje Organizacional
nrodriguezalvarez@201grados.com

Fuente: Zona Jobs