El domingo 8 de agosto de 2010, a los 94 años, falleció el reconocido educador rural argentino. Creador, innovador y batallador incansable por una educación inclusiva y de calidad, fue varias veces premiado y homenajeado por diferentes organismos nacionales.

Asimismo, dejó una importante obra escrita donde se destacan Diario de ruta: Los trabajos y los días de un maestro rural, Didáctica de la libre expresión y Pedagogía creadora.

Luis Fortunato Iglesias –más conocido como “el maestro Iglesias”– nació en 1915 en Tristán Suárez, provincia de Buenos Aires. En una época en que el país vivía gobiernos conservadores, él se resistió a las imposiciones y desde sus inicios en la tarea docente se mostró mucho más entusiasmado por probar nuevos modelos de enseñanza.

Sus primeras prácticas como docente las desarrolló en el Gran Buenos Aires. Más tarde, fue destinado a la Escuela Rural Nº 11, de Tristán Suárez. Se desempeñó como maestro en una zona tambera, donde los niños trabajaban como boyeros. Allí, “el maestro Iglesias” dictaba clases a alumnos de todos los grados.

Creó herramientas didácticas que nacieron de las necesidades que se le presentaban en el aula. Entre esas innovaciones se pueden mencionar el laboratorio, elementos de multicopia y el museo escolar -en el que los niños participaban activamente-, que era un espacio que permitía conjugar la enseñanza de las ciencias naturales con las ciencias sociales.

Otro de sus aportes pedagógicos fueron los guiones didácticos. Se le entregaba a cada grado un conjunto conformado por material gráfico, fotografías, dibujos, elementos ilustrativos, que incluían preguntas, oraciones inconclusas, entre otras orientaciones para que los niños trabajaran libremente y en forma autónoma.

Los “cuadernillos de pensamientos propios” eran cuadernos personales de cada alumno para escribir y dibujar espontáneamente. Allí los niños podían expresar ideas, sentimientos y experiencias de la vida cotidiana. Luego eran leídos por el maestro, que aportaba su opinión.

A partir de 1958 fue supervisor en la zona de Esteban Echeverría y San Vicente, provincia de Buenos Aires. Luego, fue ascendido a inspector en jefe. Como inspector se preocupó por estimular a los directores de escuela que se distinguían. Brindaba oportunidades de crecimiento y nuevos desafíos. Fue un docente activo, comprometido con su labor y dueño de un espíritu fuertemente democrático y humanista.

Iglesias fue becario de la Unesco y, en 1960, inició en la Universidad de La Plata la primera cátedra universitaria argentina de Organización y Didáctica de la Enseñanza Primaria.

Recibió numerosas distinciones, entre ellas el Premio Konex de Platino de Humanidades, Educación / Maestros (1986), además de ser declarado Ciudadano ilustre de la Ciudad de Buenos Aires por el Honorable Concejo Deliberante, en mérito a su trabajo constante de renovación del pensamiento pedagógico y a la creatividad con que llevó adelante su labor docente (1996).

Su “gran último homenaje” aconteció en el mes de abril de 2010, en el marco del Congreso Nacional de Educación del Bicentenario, organizado por el Ministerio de Educación de la Nación en la ciudad de Paraná (Entre Ríos). Allí, más de 1000 docentes de todo el país pudieron observar el documental Luis F. Iglesias, el camino de un maestro, elaborado por el área de comunicación del Instituto Nacional de Formación Docente (INFD). A continuación, el documental:

Fuente: Educ.ar