El escritor y semiólogo italiano Umberto Eco y el guionista francés Jean-Claude Carrière protagonizan un diálogo revelador en “Nadie acabará con los libros” (Lumen) sobre porqué los soportes digitales no pueden reemplazar al papel y al pasar, insertan la preocupación acerca de los incunables que se convirtieron en activos financieros.

“No hay nada más efímero que los soportes duraderos” es el primer capítulo del volumen “Nadie acabará con los libros” donde el escritor y semiólogo italiano Umberto Eco y el guionista francés Jean-Claude Carrière conversan y responden acerca de la pregunta ¿Qué pasará con el libro frente a los nuevos dispositivos de lectura como el E-book u otros soportes de datos?

La respuesta por parte de Eco no se hace esperar: “Nunca jamás se ha inventado un medio más eficaz para transportar información que el libro. La computadora (o los soportes digitales) con todos sus gigas, tiene que conectarse a un enchufe. Con el libro este problema no existe”, afirma el escritor de “El nombre de la Rosa”, para agregar posteriormente”¿Qué pasa si hubiera un apagón energético mundial?”.

Jean-Claude Carrière, estrecho colaborador de Luis Buñuel y responsable de la Videoteca de París también se explaya sobre las dificultades que se le plantea ante lo efímero de los nuevos soportes (cd-rom, dvd, blu-ray) en la preservación de las películas de la historia del cine francés.

En estas conversaciones, moderadas por Jean-Philippe de Tonac, ambos protagonistas destacan las ventajas del uso de la tecnología pero también abrevan sobre sus inconvenientes: “Un juez puede llevarse a su casa con mayor facilidad 25.000 páginas de escritos de un proceso en un pen-drive, pero ¿se imaginan leer “La Guerra y la Paz”, de Tolstoi, en una pantalla de computadora? Le quedarían los ojos en llamas”, afirma Eco.

Además, en los sucesivos capítulos los protagonistas ofrecen otros razonamientos sobre la memoria, el periodismo y los medios de comunicación, internet, la pasión que despiertan los libros y sus bibliotecas personales.

En el medio de las idas y vueltas, ambos insertan una preocupación como grandes bibliofilos y en la que no pocos pondrán atención: el semiólogo y el guionista advierten cómo los incunables se han transformado también en activos financieros, como una pintura o un escultura clásica.

“Hace cinco o seis años, un anticuario de Milán me enseño un maravilloso incunable de Ptolomeo y me pedía el equivalente a cien mil euros. Me pareció demasiado. Tres semanas después, un Ptolomeo parecido se cedió en una subasta pública por setecientos mil euros”, comenta Eco sorprendido, y agrega quizás en su afán de seguir consiguiendo los volúmenes a precios más accesibles que “Hay compradores que no sabes nada de libros, pero que se les ha dicho que la compra de libros antiguos es una buena inversión, lo que es absolutamente falso. Si se compra una letra del tesoro por mil euros es posible venderla poco después al mismo precio o con un margen mayor, no ocurre eso con los libros”.

Pero ambos reconocen más adelante, que los libros antiguos son una especie en extinción y por ello, cada vez será más difícil encontrarlos y más costosa su compra.

Fuente: Cronista