Para el experto italiano en semiótica los nuevos medios de comunicación parecen haberse creado para la difusión de información y no para su conservación.

“Nadie acabará con los libros” es el título del texto recientemente publicado en Argentina por Editorial Lumen que transcribe las conversaciones mantenidas entre el semiólogo italiano Umberto Eco y Jean-Claude Carrière, dramaturgo y guionista de películas como “Belle de tour”, “El tambor de hojalata” o “Cyrano de Bergerac”.

Los dos intelectuales abarcan parte de la historia del libro y del futuro del mismo, dando por sentado que el libro tal como lo conocemos no desaparecerá pero sí que el libro estará presente también en otros formatos con la llegada de las nuevas tecnologías, algo que ya nadie duda.

Así, a lo largo de las páginas van apareciendo temas como el gusto por la posesión del “libro físico”, el coleccionismo, la diferencia entre los “libros técnicos” y la modalidad de almacenamiento del material a leer. “¿Se imaginan leer ´La Guerra y la Paz´, de Tolstoi, en una pantalla de computadora?”, interroga el semiólogo.

No es la primera vez que Eco reflexiona sobre los “soportes” de la información. El experto italiano en semiótica ya venía sosteniendo en conferencias y artículos que es posible que dentro de pocos siglos “la única manera de recuperar información del pasado, cuando los medios electrónicos sean desmagnetizados, sea con la lectura de un libro incunable”.

Una de las ideas más populares (pero casi imposible de aplicar para todos los volúmenes que existen) sería “escanear” todas las páginas y transferirlas a medios electrónicos. Sin embargo, Eco advirtió que eso lleva a otro problema: los medios a los que se podría transferir la información como discos, o USB, son mucho más perecederos que los libros”. La mayoría de las personas, reitera el autor de “El nombre de la rosa”, está familiarizada con las desventajas de algunos de los medios de almacenamiento más antiguos.

En el medio de idas y vueltas, ambos insertan una preocupación como grandes bibliófilos y en la que no pocos pondrán atención: el semiólogo y el guionista advierten cómo los incunables se han transformado también en activos financieros, como una pintura o una escultura clásica.

Fuente: Rosario3